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Cómo empezar una colección de videojuegos retro

Elegir un enfoque, entender el estado de cada pieza, distinguir un original de una reproducción y conservarlo todo en buenas condiciones. Una guía práctica para dar los primeros pasos sin arrepentirse.

Redacción de Pulsa Start

5 min de lectura

Vitrina con decenas de maquinitas Game & Watch de distintas series
Foto: Miguel Discart · CC BY-SA 2.0, Wikimedia Commons

Casi todas las colecciones empiezan igual: un cartucho que aparece en un cajón de casa de los padres, una consola que se rescata del trastero, un juego que se recordaba con cariño y que de repente se quiere volver a tener. Lo difícil no es empezar, sino saber hacia dónde ir para que la afición no se convierta en una acumulación desordenada de cosas.

Esta guía no pretende decir qué hay que coleccionar, sino ayudar a hacerlo con criterio: cómo elegir un enfoque, qué significan los términos que se usan al hablar del estado de una pieza, cómo evitar las falsificaciones, cómo conservar lo que se tiene y cómo disfrutarlo en una televisión actual.

Elegir un enfoque

El consejo más repetido entre coleccionistas veteranos es también el más útil: decidir qué se quiere coleccionar antes de empezar a comprar. Un enfoque claro ayuda a controlar el gasto, a conocer bien el material y a disfrutar de cada hallazgo. Sin él, es fácil acabar con estanterías llenas de juegos que no interesan de verdad.

  • Un sistema: reunir juegos de una sola consola u ordenador, quizá la que se tuvo de pequeño.
  • Una saga: todas las entregas de una serie querida, en las distintas plataformas donde apareció.
  • Una región: centrarse en ediciones PAL, las que se vendieron en Europa y en España, con sus cajas y manuales traducidos.
  • Un género o una compañía: los juegos de naves, los de lucha, o todo lo publicado por un estudio concreto.
  • Jugar, no completar: tener una selección corta de los juegos que de verdad se van a disfrutar.

Coleccionar en PAL tiene un encanto especial para el público español: cajas con textos en castellano, manuales en varios idiomas y portadas que a veces difieren de las japonesas o norteamericanas. Conviene saber que muchos juegos PAL funcionan a 50 hercios, algo más lentos que las versiones de 60 hercios, y que algunos muestran bandas negras en la parte superior e inferior de la pantalla.

El vocabulario del estado

Al hablar del estado de un juego se usan unos pocos términos que conviene tener claros, porque el valor de una misma pieza puede variar mucho de uno a otro. Una caja en buen estado o un manual presente pueden cambiar por completo el interés de un lote.

Las siglas CIB vienen del inglés «complete in box». En el caso de los cartuchos de Super Nintendo o Nintendo 64, cuyas cajas eran de cartón, encontrar ejemplares completos y en buen estado es mucho más difícil que en sistemas con caja de plástico, precisamente porque la mayoría de los niños las rompían o las tiraban. Los juegos precintados requieren una prudencia especial, ya que un precinto se puede rehacer.

Originales y reproducciones

Con la subida de precios de los juegos retro ha crecido también el mercado de reproducciones, cartuchos fabricados hoy que imitan a los originales. Algunas se venden honradamente como lo que son, pero otras llegan a manos del comprador como si fueran auténticas. Hay juegos especialmente copiados, como los de las sagas más populares de Game Boy y Game Boy Advance.

  • La etiqueta: comparar colores, tipografía, brillo y textura con fotos de ejemplares auténticos. Las copias suelen tener imágenes algo borrosas o colores saturados.
  • La carcasa: el tono del plástico, las marcas grabadas en la parte trasera y el encaje de las dos mitades.
  • Los tornillos: muchos cartuchos originales usan tornillos de seguridad; un tornillo de cabeza normal no demuestra nada, pero invita a mirar dentro.
  • La placa: los originales llevan marcas del fabricante y chips con referencias impresas; una gota de resina negra sobre la placa suele delatar una copia.
  • El peso y el comportamiento: diferencias de peso, o partidas que no se guardan como deberían, son señales de alarma.

La mejor defensa es el conocimiento. Antes de pagar una cantidad importante por un juego, merece la pena ver fotos de ejemplares auténticos, pedir al vendedor imágenes de la placa y desconfiar de los precios demasiado bajos para un juego que se sabe caro.

La mejor defensa contra las reproducciones es el conocimiento.

Cuidar cartuchos y discos

Los cartuchos son resistentes, pero sus contactos metálicos se ensucian y se oxidan con el tiempo. La limpieza habitual se hace con un bastoncillo humedecido en alcohol isopropílico de alta pureza, frotando con suavidad y dejando secar bien antes de conectar el cartucho. Soplar dentro, el gesto que todos hicimos de pequeños, añade humedad y a la larga favorece la corrosión.

Muchos cartuchos guardaban las partidas gracias a una pequeña pila soldada en la placa. Esas pilas tienen una vida limitada y, décadas después, muchas se han agotado o están a punto de hacerlo. Cuando eso ocurre, el juego funciona pero no guarda. Sustituirlas exige soldar, así que, si no se tiene práctica, es un trabajo para alguien con experiencia.

Los discos piden otros cuidados: sujetarlos por los bordes, limpiarlos con un paño suave desde el centro hacia fuera y guardarlos siempre en su caja. Para cualquier pieza, los grandes enemigos son la humedad, el calor y la luz solar directa, que decolora etiquetas y cajas y puede amarillear el plástico de las consolas.

Almacenar y exponer

Un lugar seco, fresco y sin sol directo es el punto de partida. Los trasteros húmedos y los desvanes calurosos son mala idea. Las cajas de cartón agradecen fundas protectoras de plástico transparente, que evitan golpes y roces, y conviene no apilar demasiadas unas sobre otras para que no se deformen.

Exponer la colección forma parte del placer, pero una vitrina junto a una ventana acabará decolorando lo que contiene. Si se quiere tener a la vista, mejor en una pared que no reciba sol, y rotando de vez en cuando las piezas más delicadas.

Conectar a una televisión moderna y fijar un presupuesto

Las consolas antiguas se diseñaron para televisores de tubo, y en una pantalla plana moderna la imagen por antena o por vídeo compuesto suele verse borrosa y con retardo. En Europa hay una ventaja: el euroconector, o SCART, admite señal RGB, y muchas consolas de finales de los ochenta y de los noventa pueden sacar esa señal con el cable adecuado. La diferencia de nitidez es enorme.

Para llevar esa señal a una televisión actual existen escaladores externos, aparatos que convierten la imagen de las consolas antiguas en una señal digital limpia y con poco retardo. No son imprescindibles para empezar, pero cambian mucho la experiencia. La alternativa clásica sigue siendo un televisor de tubo, que muchos coleccionistas guardan precisamente para esto.

Por último, el dinero. Fijar un presupuesto mensual y respetarlo evita disgustos. Los precios de algunos juegos se disparan cuando se ponen de moda, y comprar en pleno pico suele ser mal negocio: con paciencia, los rastros, las tiendas de segunda mano y las webs de compraventa entre particulares acaban ofreciendo oportunidades. Conviene recordar, además, que una colección no tiene que ser una inversión. Su mejor rendimiento es poder encender la consola y jugar.

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